En este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, te contamos cómo están haciendo ruido del bueno para defender lo suyo.
Que si la danza del venado, que si las coritas o el palo fierro… Sonora no se entiende sin el corazón de sus etnias.
En este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, te contamos cómo están haciendo ruido del bueno para defender lo suyo.
HERMOSILLO, SONORA.— A ver, gente, ¡ábranle paso a lo mero bueno de nuestra tierra! Hoy 9 de agosto no es un domingo cualquiera; es la fecha en la que volteamos a ver con el pecho inflado de orgullo a quienes sostienen la verdadera esencia de Sonora. Porque se dice fácil, pero ser la cuna de ocho etnias originarias —más toda la plebes de comunidades migrantes que ya se acriollaron acá— es otro nivel de riqueza cultural.
Desde las aguas heladas del Golfo de California hasta los valles del sur y lo más profundo de la sierra, nuestros pueblos están de fiesta, pero también al pie del cañón. Hablamos de los Yoeme (Yaquis), los Yoreme (Mayos), los Comcáac (Seris), los O’ob (Pimas), los Tohono O’odham (Pápagos), los Macurawe (Guarijíos), además de los Cucapá y los Kikapú. ¡Puro peso pesado de nuestras raíces!
Más allá del show: la lucha por la autonomía va en serio
Aquí no todo es tomarse la foto con el danzante del venado o comprarse una pulserita bonita en Punta Chueca (que la neta, ¡qué chulada de artesanías de palo fierro y coritas hacen nuestros artesanos!). La cosa va mucho más allá.
Ahorita las comunidades andan movidísimas en las Asambleas Regionales para la consulta de la propuesta de Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos.
¿Y esto con qué se come o qué? Pues básicamente es el pase de abordar para que dejen de verlos como «grupos vulnerables» y pasen a ser reconocidos formalmente como sujetos de derecho público, con voz, voto, su propio patrimonio y el poder real de decidir sobre sus tierras y su futuro sin que nadie les ande diciendo qué hacer.
Las cuentas pendientes: no hay que hacerse «de la vista gorda»
A pesar de que ya hay planes de justicia caminando, restitución de tierras y broncas de agua que se van resolviendo poco a poco, la plebada de las etnias la tiene clara: todavía hay bastante terreno por pavimentar.
- Que no se pierda la plática: El pima y el guarijío andan pidiendo a gritos que las nuevas generaciones no suelten la lengua materna. ¡Hay que rescatar el hablar de los abuelos!
- Trabajo del bueno: Quieren proyectos de salud y chamba, pero a su modo, respetando sus usos, costumbres y tiempos.
- Cuidar el territorio: El calorón y el crecimiento urbano andan bravos, por lo que defender los cerros, ríos y lugares sagrados se ha vuelto la misión número uno de la comunidad.
Así que este 9 de agosto, lejos de quedarse en el mero discurso bonito, la voz de nuestros pueblos retumba macizo en todo Sonora. No son solo historia de libro de texto; son el presente y el futuro de nuestra tierra. ¡Fierro por ellos!






