Ajá, telodije/ editoria
Marije Santacruz Ojeda
Pero si algo comienza a marcar diferencias rumbo al futuro político del estado es el contraste entre las dos principales ciudades de Sonora: Hermosillo y Cajeme, gobernadas hoy por alcaldes que proyectan visiones distintas de gestión pública.
En Hermosillo, el alcalde Antonio Astiazarán ha construido su narrativa política alrededor de conceptos como innovación, tecnología, modernización urbana y competitividad, con la intención de posicionar a la capital sonorense entre las ciudades con mayor dinamismo económico del país y con una proyección cada vez más internacional.
Sin embargo, tampoco es un gobierno exento de retos. En la capital del estado persiste un problema que atraviesa varias administraciones: la pavimentación de calles. El rezago en este rubro sigue siendo uno de los reclamos más constantes de la ciudadanía, y la actual administración ha enfocado parte de su agenda en atenderlo.
Al mismo tiempo, la gestión municipal ha sido bien evaluada en áreas como servicios públicos, particularmente en recolección de basura, mantenimiento urbano y alumbrado.
En Cajeme, en cambio, el alcalde Javier Lamarque ha construido su discurso político sobre la idea de pertenecer a un proyecto de transformación que busca recuperar obras y espacios que —según su narrativa— fueron abandonados durante años por administraciones anteriores.
Sin embargo, la memoria urbana también muestra que proyectos emblemáticos como el Parque Ostimuri o la Laguna del Náinari han sido atendidos en distintos momentos por diversos gobiernos municipales, como suele ocurrir con las obras públicas que atraviesan varios periodos de administración.
Mientras tanto, los problemas estructurales de la ciudad —especialmente en materia de drenaje y pavimentación— continúan siendo uno de los principales desafíos para Cajeme.
Un reto compartido: la seguridad
Hay además un tema que ambos municipios comparten y que se ha convertido en uno de los principales desafíos para cualquier gobierno local: la seguridad pública.
Hermosillo y Cajeme enfrentan episodios de violencia que preocupan a la ciudadanía, una situación que, sin embargo, no es exclusiva de estas ciudades, sino parte de un contexto nacional mucho más amplio.
La seguridad, como se sabe, no depende únicamente de los gobiernos municipales. Requiere la coordinación permanente entre los tres órdenes de gobierno: municipal, estatal y federal.
Aun así, para cualquier alcalde —y más aún para quienes eventualmente aspiran a un cargo mayor— los resultados en esta materia terminan siendo parte central de la evaluación pública.
Y ahí es donde el reto se vuelve mayor.
Porque gobernar ciudades del tamaño de Hermosillo y Cajeme implica administrar servicios, infraestructura y desarrollo urbano, pero también enfrentar una realidad compleja en materia de seguridad que difícilmente puede resolverse desde un solo nivel de gobierno.
El tablero rumbo a 2027
La elección de 2027 aunque cada vez está más cerca del calendario electoral, pero el proceso de posicionamiento político hace meses que comenzó.
En ese tablero, cada actor construye su narrativa y su territorio político.
Desde Cajeme, Lamarque parece apostar por fortalecer su presencia dentro del movimiento político al que pertenece y proyectarse más allá del sur del estado.
Desde Hermosillo, Astiazarán ha optado por posicionar su gestión municipal como plataforma de modernización urbana y resultados de gobierno.
Dos ciudades clave.
Dos estilos de administración.
Ajá, telodije…
