¡Ajá, te lo dije!
Bienestar y política sin corbata.
Por Marijé Santacruz /Editorial
El año arrancó como deben arrancar las cosas que importan: Por ello Charla Abierta volvió a la mesa —la primera del 2026— y el herradero, ese espacio donde se cruzan la política, los silencios y los “no me cites”, volvió a ser escenario.
Ahí recibimos a Octavio Almada, delegado de Bienestar en Sonora. Sin aspavientos. Sin el tono de quien viene a dictar línea. Más bien con la calma de quien sabe que, tarde o temprano, todo se pregunta.
Y se preguntó de todo.
De programas sociales, sí. De apoyos que llegan y de otros que aún no alcanzan. De trámites que desesperan en el Banco del Bienestar. De migrantes, de adultos mayores, de mujeres, de jóvenes. De presupuestos garantizados y de promesas que —dijo— no están en riesgo porque hoy son derechos constitucionales.
Para los beneficiarios, el mensaje fue claro: los apoyos siguen, los pagos están garantizados y las incorporaciones se anunciarán con calendario en mano. En tiempos donde el rumor corre más rápido que el depósito, no es un dato menor.
Pero claro, esto no es solo Bienestar.
Esto también es política.
Y ahí vino el toque grillero. El inevitable. El que flota en el ambiente aunque nadie lo pida directamente. ¿2027? Almada fue tajante: no está en su radar. Que su tarea no es electoral. Que no vino a eso. Que su compromiso es institucional y con la presidenta Claudia Sheinbaum.
¿Le creemos?
Hoy, sí.
Porque algo quedó claro en la mesa: no todos los funcionarios logran separar el cargo de la tentación. Y Almada, al menos por ahora, insiste en mantenerse en el carril de la operación, no de la sucesión.
También hubo sensibilidad. Cuando se habló de críticas ciudadanas, no se descalificó a nadie. Se aceptó que hay inconformidades, que hay trámites engorrosos, que no todo funciona como debería. Y eso, en un país acostumbrado a negar problemas, también cuenta.
Hubo momentos de relajación. De risa breve. De anécdota. De esos que solo pasan cuando la mesa no es un atril y el funcionario no se siente en conferencia de prensa. Charla Abierta tiene eso: afloja el nudo y deja ver más de lo que se planea decir.
Al final, no hubo anuncios espectaculares ni fuegos artificiales. Hubo algo mejor: un diagnóstico honesto del momento que vive Bienestar en Sonora. Con aciertos, pendientes y un recordatorio implícito: aquí todo se observa, todo se apunta y todo se recuerda.
Porque en política, como en el café, lo que hoy se dice en voz baja, mañana se cobra en público. Ni modo, Ajá, Te lo dije.
