Perder hoy para ganar mañana…¡Ajá, te lo dije!

Perder hoy para ganar mañana

/Ajá, telodije/editorial/ 11-03-26

En la vida como en la política, las derrotas no siempre son lo que parecen. A veces, perder una votación en el Congreso puede ser el primer movimiento de una jugada mucho más grande. Y eso es precisamente lo que podría estar ocurriendo con la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

A simple vista, el rechazo de la iniciativa parecería un revés para el oficialismo. Sin embargo, visto con lentes estratégicos, podría tratarse de una maniobra calculada rumbo a las elecciones intermedias de 2027.

La reforma tocaba nervios sensibles dentro del propio bloque gobernante. Entre sus propuestas están reducir o eliminar los diputados plurinominales, disminuir el financiamiento a los partidos políticos y recortar privilegios y salarios de los organismos electorales. Es decir, medidas que afectan directamente los incentivos y recursos de los partidos.

Ahí es donde entra el cálculo político.

Partidos como el Verde Ecologista y el Partido del Trabajo —aliados tradicionales de Morena— difícilmente pueden respaldar una reforma que golpea su estructura de financiamiento y representación. Su rechazo es previsible. Pero justamente ese rechazo abre una oportunidad narrativa para el oficialismo.

La lógica sería sencilla: permitir que los aliados voten en contra para exhibirlos ante la opinión pública como defensores de privilegios, mientras Morena se posiciona como el partido que intenta reducir el costo de la política.

En ese escenario, lo que hoy parece una derrota legislativa se convierte mañana en un argumento político poderoso: la reforma no se aprueba porque aliados y oposición prefirieron defender sus intereses.

Las encuestas alimentan ese discurso. Estudios como los de Enkoll han mostrado que más del 80 por ciento de la población respalda reducir el gasto del sistema político. En un país polarizado, pocas causas logran generar un consenso tan amplio.

No sería la primera vez que el oficialismo convierte una derrota parlamentaria en combustible electoral. Basta recordar lo ocurrido en 2024, cuando tras el fracaso de la reforma electoral impulsada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, surgió el llamado “Plan C”: ganar una mayoría legislativa suficiente para aprobar las reformas después en las urnas.

El resultado fue claro. El electorado terminó otorgando un respaldo contundente al movimiento.

Bajo esa lógica, lo que hoy podría estar ocurriendo es una jugada similar. No se trata necesariamente de ganar la votación inmediata, sino de reconfigurar el tablero político: marcar a los aliados incómodos, debilitar su narrativa y construir el argumento de que Morena necesita mayoría absoluta para gobernar sin obstáculos.

En otras palabras, preparar el terreno para pedir “carro completo” en 2027.

El mensaje sería directo: si los aliados y la oposición frenan las reformas, entonces el electorado deberá decidir si quiere mantener ese equilibrio o darle al oficialismo el control total del Congreso.

La política tiene algo de ajedrez y algo de boxeo. En el ajedrez se sacrifica una pieza para ganar la partida. En el boxeo se puede perder un round y aun así terminar levantando el cinturón.

Tal vez eso es lo que estamos viendo.

Mientras algunos celebrarán haber frenado una reforma en el Congreso, en Palacio Nacional podrían estar pensando en la pelea completa.

Y si ese es el caso, como dice el dicho…

Ajá, te lo dije.