Menstruar también es tema de sociedad.

Menstruar también es tema de sociedad.

¡Ajá, te lo dije/ Editorial/ Por Marijé Santacruz

Nos visitó Rebeca Valenzuel a la mesa de perodistas de Charla Abierta, de la que formo parte, para compartir los programas que impulsa el Instituto de la Juventud.

Entre los temas, hubo uno que inevitablemente nos llevó a reflexionar: el Botiquín Menstrual del Bienestar.

No solo por lo que representa como apoyo tangible, sino por el mensaje social que envía.

Apenas días antes hablábamos de la fraternidad humana, de la empatía y de la necesidad de entender que los problemas sociales no se resuelven de manera aislada. Y justamente este tema lo confirma. Porque la menstruación no es solo un asunto de niñas o mujeres: es un tema de familia, de educación, de salud pública y de conciencia social.

El programa, según explicó la directora del Instituto de la Juventudad, surgió a partir de un caso profundamente doloroso: una niña de apenas 10 años que enfrentó bullying escolar cuando su periodo llegó en plena clase.

La desinformación, las burlas y el desconocimiento detonaron en ella una crisis emocional que encendió una alerta clara: todavía hay temas naturales del cuerpo humano que seguimos tratando con silencio, vergüenza y prejuicio.

Durante la charla, Rebeca fue directa:

“Este programa no es un favor, es un derecho. No se trata de voluntades; se trata de dignificar a las personas menstruantes y garantizar condiciones de bienestar.”

Y ahí está el fondo del asunto.

Hay mujeres que durante su periodo enfrentan dolores incapacitantes que las obligan a faltar a la escuela o al trabajo. Si a eso se suma la falta de recursos para adquirir toallas sanitarias, medicamentos o insumos básicos, el problema deja de ser íntimo y se convierte en una barrera social que limita oportunidades. Pensemos además que una mujer sana puede menstruar durante aproximadamente 35 años de su vida.

Treinta y cinco años de gasto constante en productos indispensables. No es un tema menor.

El Botiquín Menstrual del Bienestar es, en ese sentido, una política pública innovadora porque atiende lo urgente —el acceso a insumos— pero también lo profundo: romper tabúes, generar información y normalizar una conversación que durante décadas evitamos.

La propia directora lo resumió con una frase que vale la pena repetir:
“Todo aquello que sirva para sumar a la gente, debemos impulsarlo, aunque no esté originalmente dentro de nuestras funciones directas.”

Y eso dice mucho.
Porque gobernar también implica ver más allá del escritorio, escuchar las historias que incomodan y entender que las pequeñas decisiones públicas pueden cambiar grandes realidades. Un botiquín menstrual puede parecer algo sencillo, pero detrás de él hay dignidad, permanencia escolar, salud emocional y economía familiar.

Ojalá este tipo de programas no dependan del entusiasmo de una administración ni se pierdan con los cambios de gobierno. Ojalá se consoliden como políticas permanentes, porque la menstruación no cambia cada seis años, ni la necesidad tampoco.

Tal vez durante mucho tiempo creímos que estos temas eran privados, incómodos o vergonzosos. Hoy entendemos que hablarlos, atenderlos y presupuestarlos también es una forma de construir igualdad.

Porque la empatía, cuando se convierte en política pública, deja de ser discurso y se vuelve transformación.
Ajá… te lo dije.