Sonora está de moda: más allá de la nostalgia, un motor económico en FITUR 2026
Ajá… te lo dije./ Marijé Santacruz |Editorial
Hermosillo, Sonora, 21 de enero del 2026. A quienes visitan y quienes vivimos en Sonora conservamos tatuado en la memoria los atardeceres y la carne asada. Hoy Sonora es algo más. Es una marca turística que empieza a caminar con paso firme en los escenarios donde se decide el rumbo del turismo mundial.
FITUR 2026, en Madrid, España, fue la confirmación de que Sonora tiene con qué competir a nivel internacional.
Porque una cosa es decir entre nosotros “Sonora es hermoso”, y otra muy distinta es que el mundo lo valide. Y ahí entra San Carlos, ese destino que durante años fue nuestro secreto mejor guardado y que hoy ya tiene sello internacional. National Geographic lo reconoció como el lugar con la mejor vista oceánica del mundo. Eso no es menor. Eso es credibilidad, posicionamiento y apertura de mercados, sobre todo en Europa, donde el turismo busca destinos únicos, auténticos y con garantía de calidad.
San Carlos dejó de ser solo un recuerdo bonito: hoy es un producto turístico de nivel mundial.
También está el turismo con rostro humano. La modernización de la Laguna del Nainari y la creación de un malecón en Huatabampito no son solo obras de infraestructura; son actos de reconciliación con nuestra memoria colectiva. Son espacios que nos regresan a la infancia, a los besos adolescentes, a los domingos en familia, pero ahora con dignidad turística, orden y visión de futuro.
Y cuando entramos a los números, la historia se vuelve todavía más contundente.
Más de 2.2 millones de visitantes en el Aeropuerto Internacional de Hermosillo.
Un crecimiento del 20% en el Aeropuerto Internacional de Ciudad Obregón.
Eso ya no es percepción, es realidad medible. Eso habla de conectividad, de confianza, de una gestión que empieza a dar resultados. Cuando los vuelos crecen, crece la economía local: hoteles, restaurantes, transportistas, comercio, servicios, plataformas digitales. El turismo deja de ser paisaje bonito y se convierte en motor económico real.
Ajá… te lo dije.
Sonora ya no juega a ver “si vienen”.
Sonora empieza a competir.
Pero aquí viene la parte que no se puede maquillar ni romantizar: la seguridad.
Porque por más premios, cifras récord y reconocimientos internacionales que tengamos, el turismo siempre va a pensar dos veces antes de venir si percibe inseguridad. No importa cuántos paisajes tengamos, ni cuántas coyotas llevemos a Madrid, si la percepción de riesgo sigue siendo un foco rojo.
Si Sonora hoy se mueve en escenarios internacionales, entonces la responsabilidad también debe ser internacional.
Eso implica que los gobiernos municipales, el estatal y el federal deben entender que la seguridad pública no es solo un tema de orden interno, es una política turística directa. La seguridad es promoción turística silenciosa. Es la base de todo.
Un turista no busca solo belleza.
Busca tranquilidad.
Busca certeza.
Busca sentir que puede caminar, comer, viajar y disfrutar sin miedo.
Y entonces llegamos a ese detalle que parece pequeño, pero que lo dice todo: las coyotas en Madrid.
Una galleta hecha de piloncillo, de tradición, de identidad sonorense, convertida en embajadora cultural en una de las ferias de turismo más importantes del mundo. Eso es poderoso. Eso es saber quién eres y mostrarlo con orgullo.
Pero ese orgullo necesita respaldo.
Necesita un entorno seguro que sostenga la narrativa de un Sonora moderno, competitivo y confiable.
Ajá… te lo dije.
Sonora está de moda, sí.
Pero ahora toca proteger esa moda con seguridad, con paz y con estabilidad.
Porque no basta con que el mundo nos mire.
Tenemos que hacer que el mundo se quede.
